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martes, 20 de noviembre de 2012

DESDE ADDIS, CON AMOR (2ª parte)

Pensaba que no tener obligaciones laborales y/o familiares ni estrictos horarios me facilitaría la tarea de continuar mi relato. Nada más lejos de la realidad. El tiempo pasa muy deprisa y me veo envuelta en un torbellino de sensaciones que me hacen llegar extenuada a la noche. Además, la diferencia horaria juega un factor importante en este tema. Me gusta escribir de noche pero mi reloj está disparatado. Hay momentos en los que me rijo por el horario español y otras por el etíope y, al final, no sé a qué hora vivo. 
Con mayor retraso del que preví continúo.

Tenía un terrible dolor de oídos a causa de la presión -que me duró prácticamente hasta el siguiente vuelo- cuando llegamos a Roma. Eran poco más de las cuatro de la tarde y nuestro vuelo en dirección a Addis saldría sobre las once de la noche. Casi siete horas de espera que en nada se parecieron a lo que había imaginado. Me gustan las tiendas de los aeropuertos, visitar las duty free, comprar algún recuerdo, snacks para el camino... Pero el aeropuerto de Roma no ha permanecido indiferente a la crisis económica que también se cierne sobre Italia. Muchas tiendas están cerradas, por lo que hay menos donde distraerse y echar el rato. Por otro lado, en general, los precios en las que se encuentran en funcionamiento son muy elevados. Además, el ambiente me resultó melancólico, como si el aire se hiciese denso y pesase. Nada que ver con el bullicio y la algarabía de los aeropuertos españoles.
Poco antes de embarcar, cenamos. Una gigantesca porción de pizza sació mi apetito y apenas dejó sitio al resto del menú en mi estómago.
Fue fácil y rápido hallar la puerta de embarque pero muy lento. Una ingente cantidad de personas guardaba su turno en la larga cola.
Cuando nos tocó, avanzamos por el pasillo del avión a duras penas. Las azafatas se esmeraban en agilizar el acomodamiento de los pasajeros en sus asientos pero la tarea se complicaba debido a la confusión y al elevado número de bultos, bolsos de mano, maletas de cabina, etc. que portaban todos.
Cuando llegamos a nuestros asientos, uno de ellos estaba ocupado por  una persona a la que no le correspondía. Una azafata le pidió que cambiase de sitio y se fuese al que figuraba en su billete pero la señora mal colocada, que en ese momento hablaba por el móvil, hizo un ademán a la joven pidiéndole que esperase y continuó su conversación como si no fuese con ella mientras quienes iban detrás de nosotros aguardaban parados con santa paciencia. Pasados unos minutos, ante la pasividad de la mujer, el señor que estaba en el otro asiento, se ofreció a cambiarse en su lugar, ya que viajaba solo y le era indiferente. Cuando intentamos colocar las maletas de cabina en su lugar, este estaba atestado y era imposible. La azafata se las llevó y vino al rato con unos resguardos para recogerlas al aterrizar. Nos sentamos y, con un poco de retraso provocado por aquella marabunta, el avión despegó atestado de viajeros.
Durante los primeros minutos de vuelo, a duras penas, intercambié unas palabras con la famosa señora del móvil situada en un asiento que no era el suyo. Una mujer de unos cincuenta y tantos años que pensé que iba a Etiopía, dado el destino de la nave y que era negra. ¡Qué ignorancia la mía! Desconocía el hecho de que el aeropuerto de Bole (Addis A.) es el lugar en el que hacen escala centenares de personas a diario para dirigirse a otros países africanos. La mujer iba a Ghana y sólo hablaba francés e italiano mientras yo hablo, como es lógico, español y me defiendo bien en inglés, desconociendo totalmente otras lengüas, así que la comunicación cesó pronto, porque aquello parecía la Torre de Babel.
Nos repartieron unas mantas que no fue necesario utilizar porque hacía calor en el aparato y ya no sé cuánto tiempo transcurrió porque me dormí casi de inmediato. Siempre intento dormir en mis viajes en avión porque he utilizado ya ese medio de transporte en innumerables ocasiones pero no puedo evitar que se me corte la respiración cada vez que despegamos o aterrizamos ni que se me acelere el corazón cuando siento alguna sacudida por mínima que sea. De pronto, me despertó el olor a comida. No sabía que servirían la cena y, aunque sin hambre por lo que había tomado en el bar del aeropuerto, me dispuse a picar algo para pasar el tiempo. Nuevo sueñecito y... aterrizaje perfecto. Les aseguro que en mi tierra habrían aplaudido al piloto (que lo han hecho más de una vez). Estábamos en Addis.
Nos retrasamos un poco porque no sabíamos qué habían hecho con nuestras maletas de cabina y fuimos a preguntar a la azafata. Las habían facturado por falta de espacio y saldrían en la cinta, al igual que los otros bultos.
Autobús y a hacer cola para el visado. Avanzaba muy lentamente. Más de una hora estuvimos allí hasta que llegó nuestro turno. Suerte que durante ese tiempo habíamos rellenado todos los documentos y preparado el precio exacto que debíamos pagar, 17 euros por persona. Pero la lentitud, hay que dejarlo claro, no se al factor humano. Los funcionarios tienen que rellenar a mano, uno a uno, cada visado, sin errar en los datos. Y no siempre la letra del viajero es clara ni su idioma conocido por el trabajador que se esfuerza en llevar a cabo su tarea de la manera más rápida que le es posible.
A la cinta. Por las maletas. Todas estaban allí. Las cuatro primeramente facturadas en Málaga. Las de cabina que facturaron en Roma y la sillita de bebé. Y todo el equipaje se encontraba en perfecto estado. Pero... ¡horror! no quedaban carritos para transportarlas... Las fuimos arrastrando a duras penas. Nos vimos envueltos de nuevo en el tumulto. Salida. Consigo un carrito. Cansancio. Confusión y... nos encontramos con que no habíamos visto al representante de nuestra ECAI en Etiopía, que -pensamos- debía estar buscándonos por algún lado, lo cual era más que fácil por el trasiego.
Casi sin darnos cuenta -y no recuerdo ya si dos horas o tres después de tomar tierra- habíamos salido del aeropuerto y llegado a la zona de taxis. Cuando pretendimos volver para ver si hallábamos a nuestro enlace, varios militares nos cerraron el paso y nos prohibieron volver. Sí, atrapados en la parada de taxis como Tom Hanks en "La terminal".
Se me ocurrió que podíamos tomar un taxi (pues de alguna forma habría que salir de allí), dirigirnos al hotel e intentar contactar con él desde el mismo. 
¡Cómo disfruté con esa "aventura"! Y más aún cuando los taxistas empezaron a ofrecer sus servicios y comencé a practicar con ellos "el arte del regateo". 
Finalmente, llegamos al hotel. Pagamos al taxista la carrera y entramos en recepción donde ya nos esperaban. Se sorprendieron al vernos llegar solos y llamaron rápidamente a nuestro guía, que aún nos buscaba el hombre desesperado por los aledaños del aeropuerto y que dijo que iba hacia allá inmediatamente.
Mientras tanto, nos enseñaron un par de habitaciones del hotel para que eligiésemos. Un dormitorio amplio que, dotado de una mesita de centro y un sofá, hacía también las veces de comedor. Una pequeña cocina con un fregadero, una nevera, un fuego, un tostador, un microondas... Un baño y una pequeñita habitación -entre el dormitorio-salón y el cuarto de baño- con un armario de cuatro puertas. Todo muy modesto pero con una pulcritud irreprochable. Nada parecido a los lujosos hoteles que encontramos en cualquiera de nuestras ciudades pero acogedor y cómodo, al menos a primera vista y como confirmaríamos posteriormente.
Enseguida llegó nuestro hombre. Nos presentamos. Se disculpó -aun sin ser culpable de nada- reiteradamente por no haber dado con nosotros y, entre otras cosas, la más importante, nos dijo que no veríamos a la niña hasta el día siguiente porque, al ser domingo, el personal en la casa de transición era escaso y no podían llevárnosla al hotel para que la conociésemos. Estaba preparada para ello. No puedo explicar por qué, como tantas otras cosas, pero lo sabía.

30 comentarios:

  1. Que ganas de vivir lo que estás viviendo, nosotros estamos a las puertas de esa llamada de nuestra Comunidad Autónoma y cada día nos desesperamos más. gracias por escribir tan bien tu historia y espero q pronto cuelgues el momento cuando viste a tu niña y la abrazaste, mucha suerte!
    Patri de tenerife

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    1. Hola, Patri. Ya escribí nueva entrada.
      Sólo quiero mandarte un mensaje de ánimo. Yo también me sentí al límite muchas veces pero... llegó el momento. Espero que te sirva para no caer en el desánimo.
      Un abrazo.

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  2. Estefania, estoy emocionada leyendo tu post, hermoso! haces que se me enchine la piel, espero con ansias el próximo!

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    1. Me he retrasado mucho pero ya hay nuevo post. Gracias, Elizabeth.

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  3. Lo que yo digo..una novela..Estefania sigue el relato por dios¡¡
    Besos
    Gema

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    1. Novela en marcha, Gema. Gracias por la idea.
      Besitos.

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  4. Desde luego, estas entradas las estoy leyendo con toda la intensidad que desprenden, Estefanía. Estoy deseando leer esa tercera parte que seguro lo haré con el moco tendido :) Disfruta de esta experiencia única y maravillosa, y agarra cada instante como lo estás haciendo, son momentos irrepetibles que te acompañarán toda la vida. Un abrazo, guapa :)

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    1. Vero, como ya no estoy en Addis, cambié el título de mis entradas, pero... sigo contando. Gracias por estar ahí. Un beso.

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  5. Una historia irrepetible desde luego!!!!Es fantastica, no pares de seguir con tu argumento no nos dejes asi,enhorabuena y que ganas de poder pasar por todas esas experiencias.
    Besos Raquel.

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    1. Llegará tu momento, Raquel. Y tu experiencia será única. Porque cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles y nuestras vivencias también.
      Un beso, gracias y mucha suerte.

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  6. Jooo Estefania...haces que nos quedemos con ganas de más!!!!!!! si es que lo cuentas como si fuera un libro y te quedas en el capitulo 2 es la 1 de la madrugada pero está tan interesante que sigues por el capiatulo 3...jejeje en este caso tenemos que esperar a que lo escribas!

    Un besito enorme y gracias por contarnos esta preciosa aventura!

    Ester

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    1. Sí, Ester... esto va por entregas... la falta de tiempo, hija... pero bueno, ya vamos avanzando. Besos.

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  7. Que ilusion leerte,pero chica nos has dejado con la miel en los labios,queremos mas ya¡¡¡¡¡

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    1. Ya estoy aquí, Esther. Y espero que ahora con mayor asiduidad. Besitos.

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  8. Mil gracias!!! Sé el esfuerzo que es el cambio de rutmo, de hora, las deficiencias en las comunicaciones, lo cansada que estarás y además de eso y sobretodooooo... vuestra peke!!!
    Y aún así nos cuentas... eres la bombaaaaa!!!
    Me encanta leerte.
    Un besazo enormeeeeeeeeeeee!!!

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    1. Hola, Meri. Y a mí me encanta departir con vosotros sobre estos asuntos tan especiales. Un abrazo.

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  9. Querida Estefanía:
    Con tus relatos es como si estuviéramos viajando nosotros también. ¡Hasta siento los olores que describes!!!!
    ¡Qué ganas tengo de que llegue el momento en el que cuentes el momento en el que conociste a nuestra Lourdes Rocío!!!! Se me pone la piel de gallina... ¡Venga, date prisa, sigue contándonos!!!!
    Un besito muuuuy fuerte.
    Inés

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    1. Y yo de lo que tengo ganas es de tener que emocionarme con vuestras asignaciones, vuestros viajes, vuestras buenas noticias. Sé lo que es una larga espera y os deseo lo mejor.

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  10. Que alegría leerte, estoy deseando que encuentres el ratito para describirnos esos primeros momentos de contacto con tu pequeña. Gracias por hacernos partícipes.
    Bicos.

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    1. Gracias a vosotros por vuestro apoyo y cariño, Lidia.
      Como prometí, no voy a abandonar. Seguiré contando sobre el pasado y el presente.
      Bss.

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  11. Esperando impaciente tu próxima entrada! Muchas gracias!

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  12. Dios mio, Estefania esto es super emocionante nos cuentas todo con tanto detalle que estamos como locos,creo que todos nos estamos imaginando nuestro futuro viaje.Gracias por todo esto es mas de lo que esperabamos. Un beso muy fuerte y aqui te esperamos .BESOS PARA LOS TRES.Y GRACIASSSSS.

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  13. Tesoro!!!!! Gracias, gracias y mil veces gracias!!! Nos dan tantos detalles que nos haces trasportarnos a Etiopía y viajar en ese avión y ese taxi junto a tí.
    Es imposible no emocionarse... aqui estoy pegadita a la pantalla, moqueando y con el paquete de clinex!!!!
    Muackssssssss!!!!!!!

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  14. Pero que entretenidas nos tienes. Eres genial, por que mira que la peque te dejará poco tiempo...y tu ahí, sacando unos minutos para narrar vuestro viaje.
    Es muy emocionante leerlo todo taaaan al detalle, que guay! Si es que realmente es como estar ahí.

    Yo también esperaré ansiosa la tercera entrega de la saga.

    un beso

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  15. Espero que no tardes mucho en seguir escribiendo,no puedo dejar de imaginarme como sera el momento en el que veas a la pequeña.Estoy metido en la historia como si la viviese en 1ª persona,trasmites todo de tal manera que hace que esto sea posible.Muchas gracis por contar con nosotros para mostrarnos paso a paso el camino que muchos de nosotros no hemos empezado.

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  16. Qué emocionante Estefanía, ya tengo ganas que nos cuentes el encuentro con la pequeña y todas esas emociones que nos embargan en los momentos especiales.
    Disfruta de cada momento porque son únicos.

    Un abrazo muy fuerte.
    María J.

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  17. más, más, más, más, queremos más Estefanía!
    Nos encanta que nos des tantos detalles, nos trasladas al viaje de tu vida y al viaje que algún día también será el de nuestra vida.
    Estamos ansiosas, ya te lo digo...
    Muchos besitos!
    Y cuando puedas, si es que puedes, hablános de Etiopía, de Addis, de cómo es aquello, de cómo son ellos, háblanos de muchas cosas...

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  18. Enhorabuena, Estefanía! He dado con tu blog de casualidad! Me alegra mucho que ya estéis allí! Qué ilusión!!!
    Edragahi

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