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sábado, 18 de agosto de 2012

EL UNIVERSO CONSPIRA

"El tiempo no se mueve ni tampoco está parado. (...) El tiempo cambia."
Estoy abusando de ideas extraídas del último libro que he leído, "Aleph" de Paulo Coelho. Eso sí, siempre citando la fuente. No quiero hacer mía la gloria que corresponde a otros pero sí, ya que creo que eso les honra, extraer de sus obras las enseñanzas que deseo, que necesito. Aplicarlas me hace bien. Y las comparto.
Sólo hace falta que el tiempo "cambie" para que llegue el momento que espero con tantas ansias. Ese punto en que el tiempo permitirá que una familia feliz se vea ampliada con la llegada de un miembro más, nuestra pequeña etíope.
Y todo lo que haya ocurrido hasta entonces habrá sido necesario para que las cosas sean como tienen que ser.

Mi deseo siempre fue adoptar y me planteé seriamente no tener hijos biológicos.
Cuando me diagnosticaron un cáncer de los ganglios linfáticos, los médicos me advirtieron que podría quedar estéril por los tratamientos que tenían que aplicarme para tratar la enfermedad. Incluso me aconsejaron congelar unos óvulos para, en tal caso, poder tener hijos en el futuro. Aunque en aquella época ni me pasaba por la cabeza la idea de la maternidad, tenía claro que ser madre no estaba en absoluto relacionado con el hecho de que mi cuerpo fuera fértil o estéril.
Pero no fue así. El tratamiento no tuvo esos efectos.

Cuando decidimos ser padres, intentamos comenzar el proceso de adopción pero fueron tantas las trabas que decidimos tener antes un hijo biológico.
Tuvo que ser así para que mi adorado niño viniera al mundo.
Afortunadamente y gracias a esos impedimentos, a la poca delicadeza de la persona que nos atendió aquel día, nació mi hijo. No recuerdo ni el nombre ni la cara de esa mujer pero se lo debo.

Cuando volvimos a las andadas ya pensaba en Etiopía. Sentía una atracción especial por África en general y por dicho país en particular. Sin embargo, la única ECAI acreditada en Andalucía no admitía nuevos expedientes.

Fue una ardua tarea encontrar un país cuyos requisitos cumpliésemos. A unos no podíamos acceder porque exigían certificado de esterilidad, a otros por tener un hijo biológico, a alguno por la enfermedad que padecí (a pesar de estar completamente curada desde hacía muchos años y no padecer ninguna secuela)...
Finalmente, optamos por Filipinas.
Nuestro expediente llegó a la ECAI pero nunca se movió de un cajón.
A los pocos días de recibirlo, nos dijeron que habían parado la recepción de nuevas solicitudes en el país porque estaban modificando los requisitos. Pasados unos meses, nos llamaron para aconsejarnos que cambiásemos de país, ya que la enfermedad que tuve haría muy probable que rechazasen nuestro expediente.
Apenas había opciones para nosotros pero Filipinas no podía ser. Porque no tenía que ser. Simplemente.

En pocas semanas aprendí casi de memoria los distintos países, las condiciones para adoptar en cada uno de ellos, donde estaban radicadas las distintas ECAIs...
En Internet me topé con Mundiadopta, una ECAI ubicada en Madrid que trabajaba en Etiopía y aceptaba adoptantes de otras Comunidades. Me puse en contacto con ellos y me citaron para una charla informativa y obligatoria -por supuesto, en Madrid- el 30 de diciembre de 2009 por la tarde.
Viajé ese mismo día desde Cádiz hasta Madrid y acudí a la cita, volviendo a casa el 31 de diciembre por la tarde (para, a continuación, preparar la cena de nochevieja ya que, esa noche, toda mi familia cenaba en casa y me tocaba cocinar para no sé cuántas personas).
En todo momento, antes, durante y después, quienes me atendieron en Mundiadopta fueron amables e intentaron facilitarnos las cosas pero la Comunidad Madrileña decidió que no se aceptaran expedientes de padres de otras Comunidades.

Sin embargo, pocos meses más tarde, recibí una llamada de la Junta de Andalucía comunicándome que habían acreditado una nueva ECAI en esta Comunidad y que, si seguía interesada, enviase un fax y, si nuestra solicitud estaba entre las 20 primeras, harían llegar nuestro expediente a esa ECAI.
Redacté el fax con la petición y esa misma tarde lo mandé a la Junta.
El lunes siguiente llamaban desde la ECAI, habíamos sido aceptados.

Podíamos comenzar a recopilar toda la documentación necesaria e ir a Sevilla a firmar el contrato.

Tenía que ser Etiopía.
Todo tuvo que desarrollarse de esa manera.
En mi camino, yo también he aprendido que las señales te conducen a tus sueños pero hay que estar atentos y verlas.

Todos los acontecimientos que se produjeron en mi vida tenían un fin, desde el nacimiento de mi hijo Ernesto a que mi hija fuese etíope y se tratase de la pequeña Mestir y no de otro niño o niña. Mi ya también adorada hija.

Seguramente este retraso en nuestro viaje para traerla a casa también tiene su razón de ser.

Quizás algún día le encuentre una explicación. O tal vez no. Pero seguro que hay un motivo por el que tiene que ser en un momento futuro y no en los meses que ya han quedado atrás.
Terminaré con otra muy célebre frase de Paulo Coelho, el escritor que, tantas veces, despierta mi inspiración. "Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla".

miércoles, 8 de agosto de 2012

CIERRE DE LA CORTE

Con su mejor voluntad, me deseaba Campanilla, en respuesta a mi anterior entrada, que no pasase otra hoja de mi calendario sin mi pequeña pero, como le he contestado, aun estando aún a primeros de mes, sé a ciencia cierta que tendré que pasar esa página y, lo más seguro y como mínimo, una más.

Es una triste noticia pero no podemos cerrar los ojos a la realidad.

No se ha dicho mucho sobre el cierre de la Corte e incluso se ha puesto en duda que la jueza fuese a coger vacaciones pero, hace unos días, la ECAI me confirmó que -si bien no se sabía la fecha con exactitud- sí que cerraría a corto plazo por lo que, cuando menos, estuviese "tranquila" y no esperase noticias hasta pasada la primera quincena de septiembre.

Tranquila, sí, han leído bien. No creo que ese sea el término más adecuado.

Acaba la incertidumbre durante ese período de tiempo. No vives pendiente del teléfono ni te da un vuelco el corazón cada vez que ves en tu móvil una llamada perdida que no has oído o no has podido atender pero de ahí a estar tranquila...

¿Tranquila sabiendo que una niña, que ya sientes como tuya, lleva meses en un orfanato, sin saber en qué condiciones, cuando ya podría estar con su familia, con todas sus necesidades cubiertas? Porque, por mucho empeño que le pongan en la institución donde se encuentra -que no dudo de la profesionalidad ni del buen hacer de las personas que se encargan de ella-, sin lugar a dudas, no les sobra. Y lo que es tanto o más importante porque, como reza el dicho popular, "no sólo de pan vive el hombre", sin el calor de un hogar, de una familia a la que pertenece y que guarda para ella todo el amor del mundo.

Una vez más, por mis propios medios, he sabido que el día de cierre es el próximo 15 de agosto. La noticia no me ha llegado a través de la ECAI sino directamente desde Addis.

Hasta el momento, es una incógnita cuándo volverá a abrir. Pero ya usaré mis herramientas, por muy rudimentarias que parezcan, para enterarme.
Y ese día, el de la fecha de reapertura de la Corte, jornada fastidiosa para quienes -como en cualquier lugar del mundo- den por finalizadas sus vacaciones y se reincorporen al trabajo, será una fiesta para quienes esperamos con ansias.

Otra vez comenzarán las decepciones, la impaciencia, las lágrimas, el desencanto, los nervios... pero, al mismo tiempo, se abrirá una nueva puerta a la esperanza, al final de la cual, sin duda, hallaremos el camino que nos conducirá a la luz y a la alegría.

miércoles, 1 de agosto de 2012

CAMBIO DE MES

Paso la página que, hasta hace unas horas, mostraba el calendario que hay colgado en el corcho del despacho de mi casa.
Creo que hasta hoy no había reparado en lo feo que es...
Sí, ya sé que la función del almanaque no es otra que la de mostrar los meses del año y los días de cada mes, pero... si me alegra la vista, si se acerca a mis preferencias estéticas, tanto mejor.
Este que tengo y que ahora estoy mirando no me gusta en absoluto.
Seguramente fue el primero que cayó en mis manos. O tal vez el único. No lo sé. Es de un laboratorio farmacéutico.
En la hoja se muestran tres figuras "plastilinosas", cuyas cabezas son bolas redondas sólo con boca, de sexo indefinido. Al fondo, una casa celeste que parece un juguete de bebé de la marca Chicco.
Recuerdo que, hasta hace dos, tres años, durante el mes de diciembre e incluso antes regalaban por doquier tal cantidad de calendarios que no sabía dónde ponerlos. Aun colgando uno en cada habitación de la casa, sobraban. Y hasta después de haber elegido los que más me gustaban, quedaba alguno sobrante con ilustraciones, fotografías o dibujos nada desdeñables. Tanto es así que sé de quiénes han llegado a conservarlos o incluso a enmarcar sus imágenes. No es mi caso. Con todos mis respetos hacia quienes lo hacen, no está entre mis aficiones coleccionar o guardar. Salvo rarísimas excepciones, destierro los lastres del pasado y siempre miro hacia delante. Cuestión de preferencias o de caracteres. Yo me siento mejor así, limpiando, renovando y renaciendo constantemente. Cada cual tiene sus prioridades y todas son respetables.
Pero, volviendo al tema de los almanaques, hoy la economía está tan malograda que apenas regalan alguno medio decente.
Decidido, para el próximo año me hago, como sea, con uno que me agrade más o lo confecciono yo misma. Por lo menos, le habré puesto ganas y cariño.
Vuelvo a levantar la vista de la pantalla y me encuentro otra vez con el dichoso calendario. Es incómodo de ver, gris, taciturno, pero, a estas alturas del año, no hay solución. Sólo podría iluminarlo un círculo fluorescente en uno de sus recuadros marcando el día del ansiado encuentro con mi pequeña en Etiopía. Es lo único que podría, milagrosamente, darle vida a esas hojas que ahora cuelgan mustias.