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domingo, 8 de abril de 2012

EMBARAZO VERSUS ADOPCION; ADOPCION VERSUS EMBARAZO

Hace unos minutos fui a la habitación de mi pequeño, Ernesto. Dormía plácidamente junto a su prima, mi sobrina Mar, que esta noche se ha quedado en casa.
Ernesto es mi hijo biológico. Tiene ya cuatro años y medio pero, a pesar del tiempo transcurrido, he revivido los sentimientos de mi embarazo al pensar que, en unos meses, volveré a ser mamá "oficialmente" porque, aunque no haya un documento que lo certifique, yo ya siento que Lourdes Rocío, mi nenita etíope, es mi hijita.
Ernesto tiene una foto de su hermanita, enmarcada, en su dormitorio. La foto de la asignación que, a pesar de su escasa resolución, amplié y coloqué -junto a la de otros miembros de la familia- en el salón pero que él ha colocado en un estante de su habitación. Dice que para poder mirarla. Y ahí duerme, con la imagen de su hermana muy cerca. Es un niño tremendamente travieso, con muchísimo carácter, que llega a desesperarme, pero muy, muy sensible y cariñoso. Ernesto y Lourdes se querrán mucho, no me cabe ninguna duda.
Esta noche he pensado largamente en lo que sentí cuando esperaba el momento de dar a luz y lo que siento ahora, mientras espero las fechas clave que me permitan ir por mi pequeña. He intentado encontrar, como si de un juego se tratase, las diferencias entre aquella y esta situación, pero he hallado más similitudes que otra cosa. Los mismos nervios e incertidumbre, las mismas ansias.
Cierto es que no he ganado peso y que mis piernas no están hinchadas pero, en aquella ocasión, ni siquiera tenía claro cuándo vendría al mundo mi hijo. Todo apuntaba, por su tamaño, a que el parto se adelantaría por lo que, desde los siete meses de gestación, parecía que podría ser cualquier día. Sin embargo, la espera se hizo más larga de lo previsto y mi hijo nació sólo un día antes de que se cumpliesen las 36 semanas.
Esta vez tampoco sé cuándo podré abrazar a mi niña. Puede ser dentro de un mes pero también pueden transcurrir dos o tres hasta que llegue el momento.
De mi hijo sólo vi ecografías antes de que naciera pero se adivinaban sus rasgos. De mi hija he visto una minúscula foto por la que tengo una idea de su carita que no sé si, en mayor o menor medida, se ajusta a la realidad. En ambos casos, detalles absolutamente irrelevantes.
Cuando iba a dar a luz me habían hecho todo tipo de pruebas y se presuponía que el niño venía sano pero siempre queda la duda. Lo mismo ocurre con la niña. Sus análisis y su informe médico apuntan a que es una niña sin ningún tipo de problema, nada más.
Al irse acercando el momento del nacimiento de mi hijo tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago por lo que iba a acontecer. Estos han vuelto a atarse desde que espero a mi hija. La única diferencia es que, como ya no soy primeriza, sé que estos se desatarán y me sentiré relajada y tranquila cuando mi bebita esté en su cuna, la cunita que tiene preparada en la habitación contigüa a la de su hermano, la misma cunita en la que él durmió durante sus primeros años y que se conserva impecable.
Todo es igual. Se lo puedo jurar.
La historia se repite.
No veo qué hay de distinto entre una espera y otra, entre una y otra maternidad. Yo soy la misma persona, la misma mujer, la misma mamá.
Seguramente los detractores de la adopción, todos aquellos que han criticado que optase por adoptar siendo madre biológica, los que me han condenado por tomar este camino sin tener problemas de fertilidad, basarán sus argumentos -o muchos de estos- en el tema genético pero no puedo darles la razón.
¿Acaso es más madre quién pare por el simple hecho de hacerlo?
Una madre no deja de serlo por tener que renunciar a su hijo o a su hija por carecer de medios para su sustento ni por intentar que su esperanza de vida sea mayor, que tenga más y mejores oportunidades en la vida. En ese caso, se trataría de un acto de amor, de una generosidad admirable.
Pero una madre no merece siquiera ser llamada así cuando, sin encontrarse en una situación extrema, desatiende a sus hijos, los maltrata, los humilla, los utiliza como moneda de cambio, los usa como herramienta de trabajo... Y mujeres de esas hay muchas y todos lo sabemos.
Una madre lo es porque se sacrifica, porque se desvela, porque cuida, porque antepone, porque ama.
Una madre es porque se siente realmente madre y actúa como tal, en el pleno sentido de la palabra.

8 comentarios:

  1. Estefanía, me encanta leer estas palabras del puño y letra de una "madre". Simplemente eso "madre" pues tú serás una de esas grandes afortunadas de poder serlo tanto biológica como adoptiva. Las que sólo lo somos o vamos a serlo de forma adoptiva estamos un poco cansadas de oír siempre lo mismo... pues aquí están los sentimientos de una madre como tú para dejarlos bien claritos!!!.
    Que el momento de tener en los brazos a tu pequeña llegue prontito!!!.
    Un beso.

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    1. Muchísimas gracias, Abiti.
      Como se suele decir "la ignorancia es atrevida". Y poco o nada saben quienes se atreven a prejuzgar a los demás por sus decisiones, ¿verdad?
      Un abrazo y mucha suerte, guapa.

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  2. Qué entrada más bonita Estefanía!!! Ójala puedas ir muy pronto a por la pequeña que ya os espera.

    Un beso,
    María J.

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  3. Gracias, María José.
    Ojalá sea así y pronto pueda escribir una entrada contando que nos vamos a Etiopía a por mi pequeña...
    Besitos.

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  4. He leído las dos ultimas entradas, pero como esta me gusta mas....aquí te dejo mi comentario!!! Jejeje.
    Esteraría, la verdad es que mucha gente debería leer estas palabras, toda esa que dice que no es lo mismo ser madre bio que adoptante....si mi destino así lo quiere, yo también viviré las dos....


    Un besote enorme y gracias por compartirla!

    Ester

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    1. Pues sí, Ester. Es que lo de las vacunas es cualquier cosa menos bonito, jajaja, pero pensé que podía interesar a alguien, así que ahí está, a modo informativo.
      Espero que tengas mucha suerte y que, tal como deseas, seas madre por partida doble.
      Gracias a ti.
      Un beso.

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  5. Estefania espero que muy pronto desaparezca esas contracciones del alma y tengas en brazos a tu nena. Yo creo que la ignorancia es muy peligrosa y mucha gente parece que lleva unas cuantas décadas de retraso evolutivo, jeje.

    claro que tiene que ser igual, los sentimientos son iguales, los miedos, las ilusiones!!! Porque el corazón es lo que manda, porque el verdadero vinculo no es carnal, sino afectivo, ese amor incondicional por un hijo.

    Preciosa entrada.

    Besos!

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    1. Gracias por tus buenos deseos, Sandra. Ojalá reciba pronto la llamada que espero...
      Estoy contigo. ¿Cómo se explica, si no, que haya muchas personas que conocen a alguien en un momento de su vida (pareja, amigos, etc.) y los quiera más que a nada en el mundo?
      Un besito.

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