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viernes, 30 de marzo de 2012

MEDIACION FAMILIAR

Mañana, si Dios quiere, tendré en mis manos el título de Experta en Mediación Familiar o, lo que es lo mismo dicho de otra manera, seré Mediadora Familiar. Algo más que añadir a mi curriculum y una nueva profesión -supletoria, diría yo- a la actual, abogada.

¡Cuánta ilusión he puesto en esas clases a las que he asistido, cada viernes y durante meses, en Sevilla! Me parece una labor preciosa, gratificante, la de intervenir en los desencuentros de pareja, intergeneracionales, etc. y actuar como hilo conductor para que las personas con vínculos familiares (padres, hijos, abuelos, etc.) -aunque a veces estos ya estén prácticamente rotos- lleguen a acuerdos lo más favorables posibles para todas las partes que intervengan y, lo que es mejor, de manera extrajudicial, sin que -en muchos casos- sea siquiera necesario pasar por la sala de vistas de algún juzgado que, a fin de cuentas, es lo que se pretende evitando así costes económicos, de tiempo y, lo que es más importante y en buena medida, sufrimiento y desgaste emocional.

En España aún no está muy extendida la práctica, si bien hay otros países en los que la mediación ya se lleva a cabo de manera habitual. Sin embargo, ya tenemos Reglamento y lo lógico es que, calculo que a medio plazo, se vaya instaurando como alternativa eficaz a los procedimientos contenciosos.

Por mi parte, y especialmente a partir de la vuelta a la normalidad, cuando mi princesita ya esté en casa, seguramente con el comienzo del "nuevo curso", voy a intentar dar a conocer y promocionar la mediación y sus pormenores y a trabajar para que sea una realidad el hecho de que un/una profesional -siempre de forma imparcial y neutral- pueda orientar, informar y asistir a esas personas en conflicto y se resuelvan esas "tensiones" sin que existan ganadores o perdedores en la partida sino acercando posiciones en pro de unos intereses comunes.


lunes, 26 de marzo de 2012

TODO OCURRE POR ALGO

Siempre he pensado que en la vida todo tiene sentido. Incluso aquello que, en un primer momento, puede parecernos un contratiempo, ocurre por algo.

Hoy he intentado recordar cuándo nacieron en mí los deseos de ser madre adoptiva pero no lo logro. Hace demasiado tiempo. Yo creo que desde siempre. Y, además, siempre quise ser mamá en Etiopía. Tal vez desde la adolescencia e incluso antes. Mi memoria a largo plazo no da para más. No puedo marcar el momento exacto.

Sin embargo, cuando obtuvimos la idoneidad, no había posibilidades de adoptar en Etiopía, si bien en las charlas de preparación con psicólogos y trabajadores sociales (de una empresa subcontratada por la Junta de Andalucía) ya manifesté mi intención de adoptar en Etiopía o, si no era posible, en algún otro país del cuerno de África.

Con el certificado de idoneidad en la mano, removí cielo y tierra para tramitar donde siempre había deseado pero no había modo. Pensé que no tenía que ser así y que debía buscar en otros destinos porque mi hijo o mi hija me esperaba en algún lugar que ni siquiera había imaginado, aunque mantuve la esperanza...

Fue un camino tortuoso y complicado. Apenas había opciones... La oferta era de por sí escasa y a ello se sumaban los requisitos exigidos por los países en los que era posible tramitar una adopción en aquel momento. En unos, requerían certificado de esterilidad (por lo que, directamente, me veía obligada a descartarlos), en otros, no aceptaban que se tuviesen hijos biológicos (otro impedimento más)...

Finalmente, di con un país para el que, en principio, cumplíamos todos los requisitos, Filipinas. Hablé con una ECAI, aceptaron y empecé a hacerme a la idea de que sería allí. Pero las cosas no fueron tan sencillas. Ni siquiera tuve oportunidad de empezar a gestionar la documentación que pedían porque, días más tarde, me llamaron diciendo que dejaban nuestro expediente en espera... Pronto saldría una nueva normativa en Filipinas y, mientras tanto, no aceptarían expedientes para nuestro tramo de edad. Fueron meses de consultas diarias a la página web de la Junta, de periódicas llamadas a la ECAI, para saber si había alguna nueva noticia. Finalmente, nos aconsejaron que eligiese otro país... En la nueva normativa emitida había una novedad que me afectada directamente, una lista de enfermedades que, si padecías o habías padecido, te impedían adoptar en ese país. Entre ellas, cáncer.

Es paradójico, algo en lo que habitualmente no pienso, algo que dejé muy atrás, de lo que estaba completamente curada, que no me había dejado ninguna secuela, que no había sido impedimento para ser madre biológica, no me permitía adoptar ni en Filipinas ni en muchos otros países...

Recomencé la búsqueda de país... Nada. Uno u otro motivo (la enfermedad que padecí o ser fértil) me alejaban de la adopción.

Y volví a pensar en Etiopía... Así, supe que había una ECAI en Madrid -Mundiadopta- que, según me habían comentado, estaba acreditada en Etiopía, aceptaba expedientes de otras Comunidades Autónomas y funcionaba bien. Hablé con ellos, acordé una fecha para asistir a una charla informativa previa obligatoria y viajé sola a Madrid en la mañana del 30 de diciembre de 2009. Aún recuerdo cómo llovía en Madrid aquel día.

Allí no hubo problema alguno. A los asistentes, nos dejaron bien claritos todos los pormenores de la adopción en Etiopía, el trato fue excelente y volví el último día del año 2009 cargada de ilusiones nuevamente y dispuesta a preparar la cena de Fin de Año para mi familia que, esa noche, cenaba en mi casa...

Pasadas las fiestas navideñas, solicité el traslado de nuestro expediente a la CA de Madrid y, poco después, nueva llamada desalentadora... Madrid no aceptaba expedientes de otras Comunidades...

Otra vez a mirar, a buscar, cada vez con menos esperanzas... No había por dónde encauzar la adopción... Hasta que se hizo la luz. Llamada de la Junta de Andalucía. Una nueva ECAI había sido acreditada en Andalucía para las adopciones en Etiopía. PIAO, en Sevilla. Si seguía interesada, tenía que enviar un fax solicitándolo a la Junta lo antes posible pues sólo aceptaría una primera remesa de 20 expedientes... ¡Dios!, ¿cómo no iba a estar interesada? Entonces aún no había montado mi despacho, todavía no disponía de fax, así que, esa misma tarde, en cuanto abrió una papelería donde compro la prensa en muchas ocasiones, fui para enviarlo como la que compra un décimo por Navidad. Y me tocó.

Aproximadamente una semana después, sí, fue un lunes, llamaron de la ECAI para comunicarnos que les había llegado el expediente desde la Junta y acordar una cita para explicarnos el proceso y, en caso de acuerdo, darnos las indicaciones para comenzar a preparar la documentación.

Y así hasta llegar a la asignación de mi pequeñaja el pasado 23 de febrero de 2012.

Si es que "todo ocurre por algo".


domingo, 25 de marzo de 2012

CORAZON LOCO


Han transcurrido ya un mes y dos días desde que nos asignaron a nuestra pequeñaja, mi ferrerito, ¡más linda que es...! Tengo su fotito en mi cartera, en un marquito en casa ampliada (estaba puesta en el salón pero su hermanito se la ha llevado a su dormitorio, dice que "para mirarla"), en mi despacho, en el móvil...

Al fin, después de dar un montón de viajes, de vueltas, de idas y venidas, toda la documentación que nos solicitaron está en la ECAI. La entregué hace ocho días y creo que el pasado lunes la enviaban a Etiopía, así que debe estar allí ya.

No me quedan más documentos pendientes. Ya está todo. Esta semana fuimos a Sanidad Exterior y ya nos pusimos dos de las vacunas prescritas (fiebre amarilla y meningitis), aunque aún queda una lista... No importa. Habrá tiempo. Ojalá no fuese así y tuviese que salir corriendo y acabar como un colador de tanto pinchazo porque volase en dos días a por la niña. Pero no... Hay que armarse de paciencia.

La espera, a pesar del largo tiempo transcurrido, desde que el expediente llegó a Etiopía hasta el momento de la asignación (17 meses) no se me hizo especialmente larga, quizás porque pensaba que se retrasaría más (aunque soñé que me daban la noticia en marzo y  llegó 6 días antes de que comenzase ese mes, tampoco me equivoqué demasiado...). Sin embargo, aunque este mes se me ha ido volando al haber estado todo el tiempo con el papeleo, parece que el tiempo se hubiese detenido. No estoy ociosa, ni muchísimo menos, porque un niño de cuatro años, un trabajo, tres tardes a la semana en Cádiz, una tarde-noche en Sevilla, no dejan hueco al aburrimiento ni de lejos, pero... estoy contando los días, mirando el correo, pendiente de teléfono, esperando nuevas noticias. Deseo fervientemente que señalen ya las dos vista, que se celebre la primera, que el resultado sea positivo, tener que preparar todo apresuradamente, viajar a Etiopía, tener a mi nena entre mis brazos y cubrirla de besos, de esos besos que ahora tienen que atravesar tierra y mar, recorrer miles de kilómetros.

Y cuando esté allí, por muy a gusto que me sienta, por muy acogedor que sea el lugar, por muy entrañable que sea la gente, estaré ansiosa por volver para abrazar a mi niño, al que dejaré aquí y no podré ver en casi un mes para traer a su hermana, para tener a mi familia reunida. ¡Qué difícil es! Seguro que entonces quisiera tener el don de la ubicuidad para poder estar con mis dos hijos y echaré de menos a mi torbellino.

Ahora me rompe el alma saber que mi hija existe, haber visto su preciosa carita y sus expresivos ojos, que parece que me están llamando, y no poder estar junto a ella. Cuando vaya por ella, me romperá el alma la separación, aunque sea temporal, con mi hijo, que quedará aquí esperando nuestro regreso y a su hermanita.


Quiero irme ya a Etiopía, quiero volver ya a España. Deseo tener a mis dos soles conmigo. Porque, como dice la canción, se pueden tener dos amores a la vez y no estar loco...

viernes, 9 de marzo de 2012

MOMENTO ASIGNACION

Han transcurrido dos semanas desde el día de la asignación. Lo cual se traduce en dos semanas menos para tener a nuestra pequeña con nosotros. Yo lo veo así. Desde el principio del proceso fui optimista y ahora no voy a dejar de ver las cosas desde esa perspectiva.

En estos días he dado muuuuchas vueltas de un lado a otro preparando la documentación y ya está casi, casi todo. Pero ese tema lo dejo para otra entrada. Voy a describir ahora el "momento asignación", pues la semana pasada ni tuve tiempo ni lo había digerido. ¡Fue un hecho tan sorpresivo!

Supongo que muchas personas que ya han recibido asignación se verán reflejadas. Otras, sin embargo, lo vivirían de manera muy distinta. Así debe ser. Porque, afortunadamente, cada cual tiene un carácter, reacciona de forma diferente ante los mismos acontecimientos, siente de un modo. Aunque, eso sí, estoy segura de que hay un maravilloso factor común.

Eran, aproximadamente, las doce y media de la mañana. Casualmente, mi marido estaba en casa porque la noche anterior había tenido guardia. Yo también estaba allí, pues los días anteriores pasé muchas horas trabajando y decidí darme un respiro y atender algunos asuntos domésticos que tenía pendientes, amén de reponerme.

De repente, sonó su móvil. "Es de la ECAI", dijo después de mirar el número que aparecía en pantalla. Me obligué a pensar que, tal vez, había caducado algún documento. Pero, en el fondo, me puse nerviosa pues, aunque habían llamado en alguna otra ocasión, sentí que esa vez no era como las demás. Algo sublime e indescriptible con palabras.

Lo oigo hablar, muy tranquilo, decir "De acuerdo, te paso con Estefanía, coméntaselo a ella". Por un lado, no me extrañó, porque es él el que se encarga de los números, de las cuentas, etc. y yo de los documentos en general. Aunque tenía ese... ¿cómo diría yo?, ese "pálpito".

Al otro lado de la línea telefónica oigo: "Buenos días, Estefanía. Soy Antonio, de PIAO. Tengo una buena noticia. Tenéis asignación". ¡Dios mío!, todavía me emociono al recordarlo, al contarlo. Y ahí quedó mi conversación con Antonio. Apenas podía articular palabra. A duras penas, reprimiendo el llanto, le respondí: "Yo no puedo, no puedo...; le devuelvo el teléfono a mi marido. Cuéntaselo a él".

Y así lo hice. Y empezaron los minutos más largos de mi vida. Nerviosa pero atenta intenté coger algo pero... ni modo. "Sí. De acuerdo. Muchas gracias. ¿Que si podemos hoy?". Eso fue todo lo que oí. Y sólo pude apresurarme a gritar: "Sí, sí, hoy. Si quiere, nos vamos a Sevilla ahora mismo". Y en eso quedamos, en que aquella misma tarde iríamos a Sevilla, a por el expediente y, si estábamos de acuerdo, a firmar la aceptación. Pero, ¿cómo no íbamos a estar de acuerdo...? ¡Ay...!

Cuando mi marido colgó, empezó el interrogatorio. "¿Qué te ha dicho?, ¿cómo es?, ¿qué edad tiene?, ¿está bien?, ¿dónde está?, ¿qué es...?". Y él, fiel a sus maneras reposadas y tranquilas, con una templanza y un aplomo impresionantes, vamos, con una "sangre muy gorda", como decimos en mi tierra (él no es gaditano como yo sino madrileño y no tan temperamental sino mucho más visceral) se hizo de rogar lo suyo...

Poco a poco, a pesar de mis insistentes e impacientes preguntas, me fue diciendo... "Bueno, tienen los exámenes médicos y está perfectamente". Y yo, "vale, sí, ¿qué más?". Y él, "tiene cinco meses...". Primer vuelco al corazón. ¡Cinco meses! No me había imaginado que tendría otro bebé. Sobre todo porque, según tengo entendido, la ley etíope dice que no podrá haber más de 40 años de diferencia entre el menor y el más joven de los padres adoptivos. Y nosotros tenemos ambos 42 años. Nerviosa como un flan, continué con mis preguntas. "Sigue. Cuéntame más". Nuevas respuestas... "el nombre es muy difícil de pronunciar, ni ellos han sabido decirme exactamente cómo se llama. No sé si es Mest o Mester o Mist o Mister... Y a mí aquello seguía sin decirme nada. "Vale, no importa, el nombre que sea. Y, ¿qué es...? Dímelo ya de una vez". Y, al fin, después del largo toma y daca descrito y de darme todos los detalles, concluyó. "Y es una niña". Y ya, en ese momento, creo que me faltó un ápice para desmayarme. ¡Dios!, habría aceptado, sin dudarlo, un niño, bebé o mayor, pero... ¡una niña! Siempre deseé tener una niña. Desde mucho antes de mi embarazo. Y ahora, no sólo habíamos sido asignados sino que se trataba de una niña... Le pregunté un millón de veces si estaba seguro, si había oído bien, si era una niña sin duda, si podía repetirme todos los pormenores de la conversación...

Y lloré, ¡ya lo creo que lloré! De nervios, de emoción, de felicidad... Y reí. Una risa incontrolada que alternaba con el llanto. Y di saltitos y... bueno, ¿qué les voy a contar? Mi amiga Gracia dice que estoy "como una moto". Y eso que me vio ayer y ya han pasado dos semanas. Si ya mi talante es así de impetuoso y de inquieto, estos días voy, como ella dice, como una moto pero de trial, por lo menos.

Tal vez me he extendido demasiado pero he querido describir ese mágico momento de la manera más fidedigna posible.

Ya les iré contando todo lo que ha acontecido durante estas dos semanas, que no ha sido poco y todo lo que vaya sucediendo.

Recemos ahora porque el juicio se celebre pronto y el resultado sea positivo. Jamás deseé tanto realizar un viaje.

Un beso.