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martes, 20 de diciembre de 2011

RECORDANDO A MIS COMPAÑER@S DE VIAJE... Y a alguien que se fue.

Quisiera dedicar unas líneas a varias personas que ni siquiera saben de la existencia de este blog por razones muy distintas pero todas ellas, de alguna manera, importantes en el camino hacia mi pequeñ@ etíope. Pero para ello tengo que remontarme a las sesiones de formación que se celebraron en la calle Acacias de Cádiz.

Hoy voy a ponerles en antecedentes. Escribiré una pequeña introducción y, probablemente mañana mismo, descubrirán el porqué.

Como decía, a estas personas las conocí, como decía, en sesiones de formación (con trabajadores sociales y psicólogos) previas a las entrevistas, cuando casi, casi empezábamos esta andadura y nuestro principal objetivo era conseguir el preciado premio, ¡el certificado de idoneidad! Con eso parecía que lo teníamos todo hecho. ¡Qué ilusos-as!

Creo recordar que asistíamos a aquellas sesiones un total de veinte personas (diez parejas), tres de las cuales vivíamos en la misma localidad (tiene su explicación que utilice el pretérito).

Una de las parejas no me sonaba de nada, si bien el chico me comentó que había vivido en la barriada en la que nací y viví hasta los 35 años.
La barriada no es una de esas macrourbanizaciones de las grandes ciudades, ni muchísimo menos, pero que no lo recordase y él a mí sí tenía su explicación.
Desde muy pequeña compaginé el colegio con diferentes actividades y, posteriormente, el instituto y la facultad con el trabajo. Apenas sí tenía tiempo para estar en casa ni para descansar ni para mí ni para los demás... pero ese es otro cantar y todo irá saliendo.
Por esas razones, era complicado verme en alguna tienda de barrio o coincidir conmigo por los alrededores. Si creo que, después de más de tres décadas, no llegue a saber ni los nombres de los miembros de muchas familias que habían vivido allí durante todo ese tiempo...
Sin embargo, por mi antigua profesión (otro tema que queda pendiente) y a pesar de entrar y salir de casa como un fantasma, era fácil que aquel joven me conociese. Lo raro hubiese sido lo contrario.
Su mujer, aunque vivían en Chiclana desde que se casaron, era de Cádiz. Así que tampoco la conocía.

La otra pareja de Chiclana sí que me sonaba.
Aún hoy no he logrado recordar dónde veía al chico pero pienso que frecuentaba alguno de los pubs o discotecas a los que yo acudía o quizás era amigo de algún familiar o amigo y por eso me suena su cara. ¿Por qué no se lo habré preguntado?
La chica puede que del Instituto... ¿o ella fue a Formación Profesional? Quizás, sé que es Administrativo...
En fin, sea como sea, tal vez porque nuestros itinerarios de trabajo o de placer eran coincidentes, ya fuese por diversión o por obligación, el caso es que los había visto muchas veces antes.

La primera de las parejas que he citado tenía ya su expediente en Colombia pero su camino se truncó cuando ella, inesperadamente, falleció. Hoy no me apetece ahondar en este tema y a ambos dedicaré mi próxima entrada.

La segunda pareja espera ansiosa que se vayan produciendo asignaciones para poder enviar su expediente a Etiopía. Ojalá muy pronto empiecen la cuenta atrás y se reaviven sus esperanzas, aunque estoy segura de que son optimistas y perseverantes y lo lograrán con un poquito de paciencia.

Afortunadamente, vosotros, T y M, nosotros y muchas personas más, hoy por hoy, tenemos la suerte de estar aquí y poder caer y levantarnos, desesperar e ilusionarnos, reír y llorar. Ella, por desgracia, ya no podrá hacerlo.

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