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viernes, 25 de abril de 2014

VA POR VOSOTROS

¡Ay!, ¡otra larga ausencia por mi parte!
Sí, si es que me ha costado adaptarme a mi nueva situación laboral. Sobre todo por el tema aumento de trabajo/traslado de oficinas/niños/horarios. Ya no voy a volver a relatarlo ni a aburrirles con mis relatos al hilo. Que no, que no me quejo, si soy muy afortunada. Pero tengo poco tiempo. Eso es cierto.

Pero aquí estoy. Con cierto desánimo. No, no es por mí. Estoy desanimada por la casi ausencia de asignaciones, juicios, etc. Estoy segura de que, a pesar de mi escaso tiempo, aunque fuese de madrugada, buscaría el momento para escribir, llorar, felicitar, alegrarme, si se estuviesen produciendo escenas de emoción como las que muchas personas y yo hemos vivido. Pero es que esto es para desesperar a cualquiera. A quienes llevan años y años esperando y permanecen imbatibles aún, sinceramente, os admiro. Os merecéis el aplauso de todos por vuestra valentía, por vuestra constancia y por vuestra perseverancia.

Con respecto a mis peques, están bien. Ernesto muy mayor, con sus 6 años y medio. Continúa tan ¿rebelde? como fue siempre y es un lector voraz. Creo que va por el libro número 12 de la colección de Geronimo Stilton (y lee otros simultáneamente). 


Y Lourdes Rocío, que sé que estábais esperando noticias de ellas, sigue creciendo a su ritmo. Está muy alta y gordita. Claro, ¡con lo que come! Para que luego digan que alimentación y peso no son directamente proporcionales... Hace pocos días la llevé por primera vez a la peluquería. Su pelito afro aún no había sido siquiera saneado y ya lo necesitaba. Además, enseguida empezamos a ir a la playa (mejor dicho, ya fuimos hace unos días) y es una verdadera odisea quitar la arena de su cabeza. Lo pasa mal ella y lo pasa mal quien la bañe. Pero está monísima con el pelo cortito. Ya la veréis. Aún no le he hecho fotos con su "nuevo look". 

En septiembre, días antes de cumplir los tres años, comienza el colegio. Ya deja su etapa de bebé de guardería para pasar a infantil en el colegio donde estudia su hermano. Lo sabe perfectamente, está entusiasmada con la idea y no se cansa de repetir que ella va a ir al cole de Ernesto, que se llama Al-Andalus.


Todo esto son cosas cotidianas pero yo cuando los miro pienso que ahora sí, que ahora está la familia completa. Y al mirar a mi pequeña siento como si proyectasen una película a máxima velocidad delante de mí en la que se suceden imágenes de los cursos, las entrevistas, la espera, el desánimo, la asignación, la euforia, el dolor, la ilusión, la alegría, Etiopía, el juicio, el encuentro, mi gente (española y etíope), la plenitud.

Y vosotros, vosotras, siempre a mi lado, anónimos o conocidos, en distancia geográfica o en lugares próximos. Pero, sobre todo, muy cerca de mí, muy dentro de mi corazón.


domingo, 20 de octubre de 2013

FIN DE LA ODISEA

Estoy aquí. No, no he dejado morir mi blog pero era presa de un profundo sopor. Y he vuelto. Otra vez. Lo seguiré haciendo una y mil veces, a pesar de mis ya habituales largas ausencias. 
Quizás no sea excusa pero me he visto atrapada en una espiral de la que me resulta complicado salir. O puede que me resista a ello.
El caso es que cuando, en 2007 y debido a las circunstancias, me vi empujada a abandonar la que había sido mi profesión desde hacía casi veinte años -era casi una niña- no imaginaba qué dirección tomaría. Deambulé durante cierto tiempo y, cuando parecía que había encontrado mi nuevo camino, mi brújula se volvió loca a raíz de un acontecimiento de máxima importancia y ansiado ferozmente, la asignación de mi hija, que me hizo aparcar la carrera que recientemente había emprendido o, cuando menos, dejarla bajo mínimos. Ese aparcamiento -como consecuencia de la prolongada espera, el tardío viaje a Etiopía, la vuelta a casa- se convertiría es un estacionamiento de larga duración. Porque luego llegaría el período de adaptación, y no solamente el de la niña a su nuevo mundo sino también el mío a las nuevas obligaciones. No es fácil reflotar un despacho con "horario restringido", dos niños a cargo y dependiendo de mí, sólo de mí, durante buena parte de la mañana y, a menudo, también de la tarde y de la noche.
Levantarme a diario a las siete, asearme, vestirme, empolvarme la nariz, preparar mochilas, despertar a los peques, vestirles, darles el desayuno, dejar a uno en el colegio y a otra en la guardería (a muchos kilómetros de distancia entre uno y otro centro)... Y, como muy tarde, a la una y media, recoger mi oficina, cerrar, coger el coche, esperar al mayor a la salida del cole, recoger a la pequeña en la guarde, volver a casa, darles comida... He calculado que, a lo largo de la mañana y sólo en estos menesteres, recorro alrededor de veinte kilómetros dando vueltas de un sitio a otro y sin salir de la ciudad.
A todo esto se une el hecho de que, desde que logré -a duras penas- adaptarme a esta situación que puede parecer, porque lo es, estresante, ha habido suerte laboralmente hablando y el trabajo se ha multiplicado por diez. Y no es mi estilo desatender las obligaciones ni incumplir los compromisos adquiridos con mis clientes. Ellos contratan un servicio y es mi deber ofrecérselo.
Y así podría relatar mil detalles que hace complicado el desempeño de mis funciones, como el hecho de que hay tardes o incluso días enteros en los que los niños no tienen colegio o guardería y soy la única persona que puede quedarse con ellos. Al menos, hasta hace poco.
Pero no era mi intención describir mi febril cuadrante horario, aunque no voy a negar que me ha servido, en cierta manera, de justificación y de desahogo. Sin embargo, vayamos a los "acontecimientos", porque realmente lo han sido. O lo son.
Al fin disponemos de un libro de familia en condiciones, donde figuramos todos, donde también está inscrita Lourditas. ¡Vaya odisea! Los que me habéis seguido lo sabéis, ¿verdad? En mi última entrada comentaba que ya había sido autorizada su inscripción, tras el largo periplo en su momento relatado, y que sólo habría que esperar los quince días de marras. Pues -sé que a estas alturas ya no se asombran- al final no fue así y hasta el 27 de agosto (casi nueve meses después de que mi hija llegase a España) no tuve el librito de las narices (y, ¿qué culpa tendrá el pobre libro?) en mis manos. Al volver al Registro a recogerlo, la funcionaria, la que me había asegurado que lo tendría sin demora pasados los quince días de rigor, se encontraba de vacaciones. Dudo mucho de que dos semanas atrás no tuviese prevista sus "merecidas" vacaciones. Pero bueno... Me armé de paciencia y, como según quien me atendió volvería a la semana siguiente, esperé al que se suponía -yo ya tenía mis dudas- que sería el día "D". Y allí me planté de nuevo para oír que aún no se había reincorporado al trabajo, que lo haría "al día siguiente". Otro paseo al edificio de los Juzgados, donde me conocen más por mis visitas al Registro Civil que por mi propio trabajo, para escuchar de labios de quien me había prometido que la inscripción estaría hecha nada más transcurrir los quince famosos días que no era ella la encargada de realizar dichas anotaciones sino que se trataba de su nueva compañera y que esta estaba aprendiendo... La otra, con una cara de mala leche que su imaginación no va a ser capaz de pintar, confirmó -cambiando de la mesa de la primera a la suya el expediente- que así era, añadiendo que le daría prioridad y que, una vez que supiese cómo tenía que hacerlo, "el mío sería el primero". 
¿Se pueden hacer una idea de cómo me marché esa vez? No, esto escapa ya al entendimiento humano y a la razón.
Pasaron los días. Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Más de diez días después, desesperada, me encaminé otra vez al innombrable lugar donde tuvo lugar una "escenita" de los más rocambolesca y en la que puede decirse que fui la diana de sus dardos envenenados. Ya se habían presentado alegaciones, escritos y hasta reclamaciones y, cual dos alimañas, se ensañaron con mi persona (o a lo mejor es que están enfadadas con el mundo o con sí mismas y me usaron de válvula de escape o que..., bueno, diría algo más vulgar pero me lo voy a callar por respeto a vosotros), escupiendo una sarta de reproches y quejas mezclados con una serie de "enaltecimientos de sus personas" que me reservaré porque no me apetece en absoluto revivir aquellos momentos en los que hubo una enorme tensión y que concluyeron con mis lágrimas y casi, casi súplicas de que solucionasen un tema que ya estaba en sus manos. Cinco días naturales -tres días hábiles- después de aquella desafortunada fecha salía de esas malditas oficinas con el libro de familia en mis manos. Fin de la historia. 
Ya mi hija lo es también a efectos legales en España, lleva mi apellido y tiene los mismos derechos que cualquier otro niño español. Les aseguro que cualquiera de mis clientes de extranjería, pese a las trabas con que se encuentran actualmente y aunque las leyes se hayan endurecido en ese sentido, obtienen su NIE si cumplen los requisitos antes que mi hija su inscripción en el Registro Civil. 
Y ahora, para dejarles con buen sabor de boca, lo realmente importante y lo bonito de la historia.
Lourdes Rocío ya tiene dos añitos. Celebramos su cumpleaños el pasado 19 de septiembre. Está preciosa, sana y feliz. Y muy alta, ¡cuánto ha crecido!, y gordita... La próxima semana tenemos seguimiento en Sevilla. Me hace ilusión que Nati, la psicóloga que se encarga del mismo en la ECAI, la vuelva a ver y compruebe con sus propios ojos lo que he venido contándole y los grandes avances que mi pequeña ha experimentado en todos los sentidos.
No sé si me he extendido demasiado ni si llegarán al final de mi relato de hoy pero había que compensar la larga ausencia.
Quiero finalizar, como es costumbre, con mis sinceros deseos de que el ritmo se acelere y lleguen las tan ansiadas asignaciones, los juicios positivos y los viajes en pro de los sueños de tantas y tantas personas. Tengo ganas de emocionarme con un aluvión de buenas noticias y de que las lágrimas de alegría compartida empañen mis ojos. Un abrazo.

lunes, 22 de julio de 2013

RETRASOS Y NOVEDADES

Se acumulan retrasos de todo tipo y en todas partes.
Lamentablemente, sufren retrasos las asignaciones. El tiempo que transcurre desde estas hasta la celebración de los juicios se prolonga en muchos casos. Las listas de espera para acceder a los servicios sanitarios, ídem. Del sistema judicial mejor ya ni hablar... A estas alturas, cuando faltan días para que se cumplan ocho meses de nuestra llegada a España, aún no tenemos libro de familia. Y hasta yo he sido "engullida" por el sistema y hace casi dos meses y medio que tengo abandonado, que no olvidado, mi blog. Para acelerar el resto de asuntos no puedo hacer nada, ¡qué más quisiera!, pero a esto último sí que puedo poner remedio y, de hecho, lo estoy haciendo en estos momentos cumpliendo, de esta manera, con mi promesa de no dejarlo morir. Porque, por supuesto, siempre hay algo que contar, cómo no, lo complicado es encontrar el momento idóneo. No es fácil pero tampoco imposible. Y el verano no es la época más propicia para dar fluidez a estas páginas.
Con respecto a la odisea del libro de familia, hay buenas nuevas. Afortunadamente, y tras un largo periplo que ya referiré más adelante, la inscripción de mi hija ya está autorizada. Sólo falta que transcurran los quince días pertinentes desde la notificación para que el auto adquiera firmeza. A partir de ese momento, se podrá llevar a cabo el trámite y la pesadilla con el registro como protagonista habrá acabado. ¡Cuántas vueltas, conversaciones, escritos, gestiones, reclamaciones...! El temita merece una entrada dedicada en exclusiva. Y la tendrá. A su debido tiempo. Está visto que todo tenía que enmarañarse sobremanera pero, a fin de cuentas, lo realmente importante es que Lourdes Rocío está con nosotros. Y eso ya nada ni nadie puede cambiarlo. ¿Qué importa el resto..?
Mi pequeña está irreconocible. Tengo delante el informe médico emitido por su pediatra a los cuatro días de llegar a España (tres días después de llegar a casa porque tuvimos que hacer noche en Madrid). En él figuran su peso (9 kilos/percentil 15) y su talla (75 centímetros/percentil 42) de aquel momento. Era el 5 de diciembre de 2012. Según su pediatra, no estaba nada mal teniendo en cuenta su procedencia (condiciones sanitarias, alimentación, etc.). Y él sabía de lo que hablaba, ya que trata desde su llegada -hace unos años- a otros pequeños etíopes adoptados.
Hace unos días, volví a llevarla a la consulta porque le aparecieron eccemas en la piel provocados por un importante brote de dermatitis atópica. Aprovechando la visita, el pediatra la pesó y midió nuevamente. Es costumbre suya hacerlo cada vez que se le lleva a un niño. El nuevo informe registra un peso de 11,9 kilos (percentil 58) y una medida de 87 centímetros (percentil 92).
En 7 meses, la niña ha aumentado su peso casi 3 kilos y ha crecido nada más y nada menos que 12 centímetros. Hasta el pediatra se asombró de su crecimiento. "Esta va para modelo", nos dijo. "Lo que no sé -añadió- es quién está más morena, si la madre o la hija. Si parece hija biológica tuya". Y es que no todos los de raza blanca somos "blancos".
Mientras hablo de mi niña, no se me van del pensamiento las personas que esperan con las mismas ansias que yo lo hacía, sus asignaciones. Especialmente, por la comunicación que mantenemos, aunque menos de la que sería deseable por la maldita falta de tiempo, dos de ellas. Desde lo más profundo de mi corazón, les expreso mi más ferviente deseo de que llegue muy pronto esa gran noticia que les cambiará por completo sus vidas y las hará tan inmensamente felices como yo lo soy ahora. Ánimo. Vuestro irrepetible y añorado momento llegará.

miércoles, 15 de mayo de 2013

BELLOS MOMENTOS

No es que no encuentre temas. Al contrario... Tendría mucho de lo que hablar. Del día a día con Lourdes, de sentimientos, de vivencias, de... ¡tantas cosas! Pero, lo que no encuentro es tiempo.
Sin embargo, escribir es para mí una adicción, una terapia, una medicina. Y, lo más importante, os lo debo. Y no puedo ni quiero abandonar. Ni lo haré.
Hoy podría referirme al segundo seguimiento o al encuentro de ayer. Ambas cosas merecen una entrada y no sé por cuál de ellas decidirme. Y, lo que es más, de ambas tengo "documentos gráficos" pero no estoy en disposición de publicarlos. Por una parte, no están en la memoria de este aparatejo; por otra, no dispongo de autorización de los "protagonistas" y, por supuesto, sin su permiso no puedo hacer uso de dichas fotografías que, como podéis imaginar, son realmente entrañables.
Me he decidido por hacer una breve reseña de cada una de estas "quedadas", una prevista y la otra causal.
Hace poco más de una semana tuvo lugar en Sevilla el segundo seguimiento.
Como en la primera ocasión, fue sencillo y fluido. Lourdes Rocío, incluso, se despidió de Nati, la psicóloga de la ECAI encargada de hacernos las entrevistas periódicas -que, como siempre, se mostró paciente y cariñosa con la niña-, lanzándole un beso con la mano.
Mi amiga Diana, de Nerja (Málaga), de la que ya he hablado en alguna ocasión, tuvo la genial idea de pedir que, si era posible, programasen nuestros seguimientos para el mismo día. Así, aprovechábamos y nos veíamos. No hubo impedimentos y tuvimos la oportunidad de pasar unas horas juntos y de compartir comida y sobremesa. Disfrutamos mucho. Su pequeña etiopita -a la que tuve la suerte de conocer al mismo tiempo que ella, por lo cual, es como si hubiese asistido a su parto- está preciosa, tiene unos lindos ojos negros y ¡es tan simpática, graciosa, despierta! Una muñequita.
Tenemos muchas cosas en común. Ella es mamá de un varón biológico, al igual que yo, y ambos se llevan sólo unos meses. Nuestras pequeñas etíopes sólo se diferencian unos meses. Coincidimos en un foro, conectamos, su marido y ella fueron al aeropuerto a despedirnos cuando viajamos a Etiopía y, dos días antes de nuestra vuelta llegaron allí. Además, tienen familiares y amigos en la ciudad lindera, que dista sólo unos kilómetros de donde vivimos.
Por otro lado, ayer se celebró el cumpleaños de la menor de mis sobrinas. Cuando entré en el local donde tenía lugar la fiesta, me llevé una grata e inesperada sorpresa. Allí estaba María J., del blog "Etiopía: Fuerza, Corazón y mucho más...", o lo que es lo mismo "Caminamos lentamente hacia vosotros".
Aunque ambas vivimos en la misma ciudad, nos conocimos a través de nuestros respectivos blogs. Sin embargo, nuestro primer encuentro en persona tuvo lugar mucho tiempo después, en un centro de salud, cuando ella ya tenía a sus dos hijos (de adopción nacional) y yo había vuelto de Etiopía con mi pequeña.
Ahora resulta que el hijo menor de María J. es compañero de clase de mi sobrina y había sido invitado a su cumpleaños.
Por cierto, a su hijo, que es guapísimo y un verdadero torbellino, se le ve ¡¡¡tan feliz!!! Y a ella, pletórica. Y no es para menos...
Del encuentro con Diana tengo varias fotos tomadas en una pastelería donde estuvimos tras la comida.
Del cumpleaños, además de alguna foto de su hijo con los demás niños -entre ellos mi sobrina y mi hijo-, hay una bonita instantánea en la que sostiene en brazos a mi pequeña.
Han sido unos días muy hermosos y muy intensos, repleto de emociones.

martes, 30 de abril de 2013

LA ODISEA CONTINUA

¿Alguna vez pensé que los berrinches habrían acabado cuando pisara suelo español con mi hija? La respuesta es NO. De hecho, en la entrada del 14 marzo pasado, que titulé "Acreditación de PIAO en Etiopía y paciencia. Aquí y allí", ya hablé de los retrasos que se estaban produciendo con la inscripción de mi hija en el Registro Civil de mi ciudad. Pues bien, hoy, mes y medio después, cumpliéndose mañana cinco meses de nuestra llegada a España, mi pequeña y los demás, seguimos sin Libro de Familia, ya que este se encuentra aún en el Registro y ella no ha sido inscrita.

Hace unos minutos volví del Juzgado y me encuentro totalmente exasperada, hasta el punto que he pospuesto la redacción de un documento que debo presentar allí para evitar incluir comentarios en el mismo que pudieran perjudicarnos. No estoy en condiciones de mantener las formas en este momento.
Una vez aportado todo lo exigido, el expediente fue remitido por la funcionaria del Registro Civil de Chiclana a Fiscalía, en Cádiz, donde tenía que ser visado para, posteriormente, proceder a su inscripción.
Ayer, viendo que la demora era excesiva, telefoneé a Fiscalía donde me informaron de que el expediente ya había sido devuelto al Registro, en Chiclana. Concretamente, fue el 12 de marzo cuando cuando se remitió a su lugar de origen. Con esta información y sin más noticias hasta el momento, esta mañana me dirijo al Registro donde la funcionaria me informa de que, efectivamente, se encuentra allí -aunque aún no me lo ha comunicado por falta de tiempo y tenía previsto hacerlo inmediatamente (casualidades de la vida)- pero que no pueden inscribirla porque el fiscal ha decidido que en la sentencia emitida por el tribunal etíope no se concreta que la adopción sea firme.
Me quedo estupefacta, se me ponen los vellos como escarpias y siento como la sangre me hierve. Parece que, en cualquier momento, me van a estallar las venas y va a empezar a salir a borbotones.
No me contengo. Lógicamente, la decisión no es atribuible o reprochable a la funcionaria -que sí el retraso, ya que por mucho que le hayan indicado que debe dar prioridad a otras tareas, el esfuerzo en levantar un teléfono es mínimo, máxime teniendo en cuenta de que se trata de la situación de una menor lo que está en juego-.
Y en esas estamos. En el informe del fiscal se expresa textualmente que "...Con respecto a otros efectos aparece en la sentencia los referidos a la irrevocabilidad o firmeza de la resolución. No se concreta que quedó firme".
Que me lo expliquen. Si se refieren en la sentencia a que la adopción es irrevocable o firme, ¿qué significa que no se concreta? Está claro que mi idioma nativo no es el español sino el andaluz pero creí haber adquirido un nivel alto del primero. Sin embargo, ya ven, ni mis estudios de Derecho ni mi conocimiento del español son suficientes para entender tales conclusiones. O quizás no asimilé bien los conceptos del Dicurso del Método cartesiano relativos a la afirmación de la razón como criterio fundamental de la verdad.
A todo esto me indican que me dirija a las autoridades etíopes, es decir, a la Corte de Addis Abeba, y solicite un documento en el que se concrete la firmeza de la resolución adoptada por la jueza. 
Me remito a la primera mitad del siglo XX, cuando Apollinaire escribió: "Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna. (...) Después de todo, el escenario no se parece a la vida que representa más que una rueda a una pierna". 

Con todos mis respetos, al Fiscal, a la funcionaria y a unos cuantos más, les enviaría -siquiera para cubrir una sustitución de manera temporal- a la Corte de Addis o al Juzgado de Lalibela, por ejemplo. Quizás de ese modo comprendieran muchas cosas que, en su pequeño mundo, no caben porque les quedan grandes como consecuencia de un evidente desconocimiento, de un hueco en su saber que la preparación de unas oposiciones y el estudio no han conseguido llenar.
Ahora estoy dudando. No sé si presentar un escrito en el Juzgado, como teóricamente debería hacer, o facilitarle a quien corresponda el enlace a mi blog y que lean esta entrada.
CONTINUARÁ.